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viernes, 25 de noviembre de 2011

La Autopista de Los Muertos -Parte II-

-II-


Manuel apagó el motor y salió del coche. Varios conductores de diferentes vehículos hicieron lo mismo. Por sus caras se veía que habían estado escuchando si no el mismo programa de radio, uno similar.

¿Que está ocurriendo? ¿Porque no podemos entrar a la ciudad? —preguntó una mujer regordeta de pelo castaño con un bebé en sus brazos.

—Dicen que la entrada está colapsada. ¿Habéis escuchado la radio alguno de vosotros? —Preguntó un hombre mayor con todo el pelo blanco.

Muchos asintieron. En sus rostros se podía ver el miedo.

—En la emisora que tenía puesta....la chica que estaba retransmitiendo desde el Hospital de Barcelona empezó a gritar. Parece que hay atacantes en todos sitios. —dijo Manuel.

—Joder, ¿hemos entrado en guerra? —dijo una chica joven pelirroja y de constitución menuda.

Algunos la miraron con preocupación. «Ese sonido….los gritos y los disparos, ¿podrían tratarse de soldados invasores? Pero, ¿quién podría ser?». Manuel estaba desconcertado, no les dejaban pasar, a la locutora de radio la habían atacado en el hospital, el cual estaba colapsado…repasaba todos los datos en su cabeza, y cuanto más lo hacía, más desconcertado estaba.

—Puede ser, pero nos hubieran informado ¿no? tenemos que llegar a la ciudad lo antes posible y enterarnos de lo que está pasando de una puta vez —dijo una mujer con traje de oficina y el pelo rubio recogido en una coleta alta. Subió a su coche de nuevo, cogió su bolso y fue en dirección a la ciudad en paso decisivo.

—Tiene razón, tenemos que hacer algo —la joven de pelo rojo la siguió con la mirada y cruzó los brazos.

—Por la radio han dicho que pronto saldrá el presidente y dirá lo que está pasando, en treinta minutos, bueno de eso hace diez, quizá deberíamos esperar....

El hombre de mayor edad había hablado con tono tranquilizador, parecía que no quería inquietar al resto.

—¡¡Yo no puedo esperar!! —Manuel estaba nervioso y subió demasiado la voz. Intentó tranquilizarse antes de proseguir —Mirad…tengo a mi familia en la ciudad y no se si están bien, el teléfono no me da señal y..

—¿Crees que eres el único que tiene familia aquí? —Contestó la mujer del bebé con brusquedad. —Estoy intentando localizar a mi marido y nada.

—A mí tampoco...que extraño... —dijo un chico de no más de veinte años con una chaqueta de cuero.

Manuel se sentía avergonzado. Había sido un egoísta por ponerse así; claro que todos tenía algún ser querido en la ciudad por el que estarían preocupados.

—Yo….lo siento, tienes razón… —Manuel se apoyó en su peugeot negro.

—¿No creéis que es extraño que no funcionen los móviles? —La mujer del traje caminaba hacía ellos con su móvil en la mano. —He estado preguntando y se ve que muchos tampoco pueden contactar con los suyos, sólo unos cuantos han podido, parece que las líneas están saturadas.... —guardó el teléfono en su bolso de cuero negro.

—Eso no ayuda... —dijo una mujer embarazada que se acababa de unir al grupo caminado con dificultad

—¡Eehh! —Dijo una voz desde un coche —el presidente está hablando en directo...

Todos callaron. Manuel entró en su coche dejando la puerta del conductor abierta, puso la llave en el contacto y encendió la radio a todo volumen.

—Ciudadanos, estamos muy cerca de encontrar a los responsables de los ataques acaecidos en el día de hoy. —Era la voz del vicepresidente, de eso no había duda, pero sonaba cansada y nerviosa. —Pedimos a toda la población que mantengan la calma, se queden en sus casas y respeten las recomendaciones que a continuación les dará el Ministro de Sanidad. La situación está controlada y en breve todo volverá a la normalidad. Muchas gracias.

Eso fue todo, y antes la escasez de palabras, todos se miraron perplejos. Se escuchaban voces de los periodistas, preguntas que jamás serían contestadas. Parecían estar tan confusos como los que se encontraban en la carretera.

Se hizo el silencio. Antes de que ninguno pudiera comentar lo ocurrido, otra voz habló.

—Buenas noches. —Era el Ministro de Sanidad. —Me dirijo a ustedes para darles unas pequeñas recomendaciones de seguridad. Son sólo para mantener el orden, como ya a dicho el Presidente, la situación está cerca de estar controlada. Las recomendaciones que les vamos a dar están hechas tanto por el Ministerio de Defensa como el de Sanidad.  —Hizo una pausa y se oyó el sonido de papeles. —No salgan a la calle si no es estrictamente necesario. No se acerquen a desconocidos. No se acerquen a personas que tengan un comportamiento errático u extraño. Manténganse en sus casas lo máximo posible y almacenen en ellas provisiones. —Nadie habló, parecía absurdo todo lo que estaba diciendo —Eso es todo. En cuanto tengamos más noticias, se las comunicaremos. Pero como ya he dicho, no hay motivos por los que alarmarse, estás directrices son sólo pequeñas recomendaciones. Muchas gracias.

Se escucharon más voces de los periodistas, papeles, flashes...pero de nuevo ninguna respuesta. Todos se encontraban sorprendidos y parecía que nadie entendía nada. Manuel salió del coche para reunirse con el resto de personas que estaban retenidas a la fuerza allí.

—Entonces.... —dijo la mujer embarazada —¿Qué coño pasa?

—Ni idea —contestó Manuel —pero por mucho que digan que no nos preocupemos, es algo importante. ¿No salgan de casa? y después dicen que la situación está controlada.... —dijo con indignación.

—Ya bueno, el Gobierno no es que de muchas explicaciones normalmente, y la verdad, parece que no tengan ni puta idea de lo que está pasando realmente —dijo la chica pelirroja y sonrió. —Por cierto, soy Laura.

—Tony. —añadió  un hombre cuarentón que se acababa de unir a ellos. — Yo lo que se es que voy a entrar en la ciudad como sea. No nos pueden dejar aquí tirados con esa mierda de información. Y han pasado muchos coches patrulla y ambulancias. Eso es que está pasando algo gordo, y no pienso quedarme aquí esperando.

Manuel deliberó las palabras de ese hombre. Estaba claro que pasaba algo, y no podía contactar con su mujer y su hija, lo que le preocupaba. Debía hacer algo, llegar a su casa como fuera. Aunque para ello tuviera que caminar cien kilómetros hasta casa.

Todos se miraban. Estaban meditando qué debían hacer. Manuel sólo quería saber como estaba su mujer y su pequeña. El comunicado del gobierno indicaba que algo iba realmente mal y no saber que ocurría le daban ganas de correr de camino a casa.

—Tiene razón, deberíamos ir, aunque sea a pie. —Laura miró a todos. —No se vosotros pero yo no quiero quedarme toda la noche aquí.

La gente empezó a dar su opinión. Algunos estaban decididos a ir andando a la ciudad si hacía falta, otros dudaban y preferían esperar. Después de pensárselo unos minutos, Manuel decidió ir a buscar a su familia. Estaba demasiado nervioso para quedarse de brazos cruzados, y el no poder contactar con ellas le inquietaba.

—Bien, entonces los que decidamos ir a pie, ¿cuando vamos? —dijo Manuel al resto del grupo.

—Yo no piensa moverme de aquí, es mejor esperar, ¿no habéis oído lo que han dicho en la radio? La cosa es seria, y la ciudad está colapsada, todos tendríamos que esperar a que los policías nos digan qué debemos hacer. —La mujer del bebé se marchó a toda prisa a su coche.

Algunos más siguieron su ejemplo. Manuel observó como a pesar del miedo y la incertidumbre, preferían esperar a aventurase a ir a la ciudad. Varios coches de policía pasaron a su lado con las sirenas puestas y se detuvieron a unos kilómetros de donde se encontraban.

—Podríamos ir a preguntar como está la situación allí. —Tony miró a los pocos que se habían quedado. —Puede que nos ayuden o nos digan algo más….

—Pues vamos ahora mismo —contestó Laura y empezó a caminar con paso decidido.

Manuel no dudó y la siguió de cerca. Tony hizo lo mismo, al igual el chico de la chaqueta de cuero y la mujer con traje de ejecutiva.

Quedaban varios kilómetros hasta entrar a Barcelona, y en cada paso que daban, alguien más se unía a ellos. Se oían susurros de duda e indignación. Nadia sabía seguro que ocurría y eso hacía que estuvieran nerviosos y enfadados. A una pareja de unos treinta años les sonó el teléfono. Lo cogió ella.

—¡Hola cariño! ¿Estás bien? ¿Sabes que está pasando?

La mujer calló durante un rato. Todos se detuvieron para escuchar lo que ocurría. Manuel miró su móvil. «Probaré a ver si localizo a Andrea, tengo que saber si ella y Claudia están bien. Por Dios, que estén bien.»

— Te noto extraña ¿no te encuentras bien, cielo?

Se oía una voz aguda a través del móvil. A Manuel no le gustaba tener que escuchar conversaciones ajenas, pero esperaba que esa chica tuviera algo de información que darles.

—¿Como que el vecino de al lado te a mordido? ¿Que habéis discutido o algo...?

Silencio. La mujer estaba cada vez más alterada. Su marido la cogió del brazo y ella se apartó. Todos los que se encontraban cerca callaron al ver como la mujer empezaba a llorar.

—¡No, no! ¡No abras la puerta! ¡¡Quédate en tu habitación, cierra todas las puertas y no te mu...!! ¿Cariño? ¡¿Cariño, estás ahí?! ¡¡¿Que son esos ruidos?!! ¡¡Anna!!

La mujer apartó el teléfono de su oreja y lo miró, atónita. Sus ojos estaban llenos de lágrimas y su marido la abrazó.

—Le ha pasado algo, Joel. Dice que ha visto el mensaje del Presidente, y que por el barrio hay rumores de ataques a personas, parece un virus. Dice que por la televisión informan de que puede que nos hayan atacado con un arma biológica, química o algo así.... —Su voz se estaba volviendo cada vez más chillona. —Dice...dice que el vecino la ha mordido ¡¡como ha podido morderla!!

—Cálmate Lara. —Su marido la cogió por los hombros para tratar de tranquilizarla. —¿Que más te a dicho Anna? —Su voz sonaba firme, aunque Manuel pudo notar algo de nerviosismo.

Lara empezó a respirar lentamente. Intentaba calmarse antes de seguir explicando lo que había ocurrido.

—A sido muy extraño...estaban…estaban dando golpes en la puerta, y le dije que no abriera y de repente escuché como algo caía al suelo. Y después....Dios, ¡Después se oyeron gritos! ¡Nuestra pequeña gritaba y no pudimos ayudarla! ¡No estábamos allí para ayudarla! y luego esos gruñidos. Unos gruñidos que se alejaban…¡Nuestra pequeña! ¡Debemos ir a ayudarla! ¡Debemos salvarla! —Empezó a sollozar y se derrumbó. Cayó al suelo de rodilla. Joel la abrazó mientras una lágrima caía por su rostro.

Todos los presentes se estremecieron. Algo muy raro estaba pasando. A aquella pequeña la habían atacado y nadie pudo ayudarla. Manuel pensó en su mujer y su hija. Debía llegar a su casa lo antes posible. Apretó los dientes y se hizo daño en la mandíbula.

Empezó a caminar como un autómata hacia los policías. Debía saber que ocurría, y sobre todo, tenía que llegar a casa. 


viernes, 18 de noviembre de 2011

La Autopista de Los Muertos -Parte I-

-I-


Manuel conducía por la autopista. Iba del trabajo a su casa después de una larga jornada laboral. Habían tenido que hacer demasiado papeleo en la oficina, y encima debía conducir 3 horas para volver a su hogar. Tenía un cd de música rock antiguo puesto. «Adoro esta canción», pensó y subió el volumen mientras sonaba Paint It Black de The Rolling Stones. Sus ojos verdes estaban ya cansados de las horas de trabajo y de carretera. Aún le quedaban una hora y media para llegar a casa, así que bajó el ritmo del coche y decidió tomárselo con calma. «Total, como me pille un radar, me jode todo el mes». 
De repente tuvo que parar en seco. Había una cola enorme para entrar en la ciudad.
—Joder... y eso que no es fin de semana.... —Dijo para si mismo mientras ponía las luces de emergencia.
Apartó su pelo rubio y suspiró. Miró atentamente a la larga fila de coches, motos y camiones que ocupaban la autopista. No se podía ver el inicio del atasco y eso le molestaba. Por los laterales varias ambulancias y coches de policía con la sirena puesta iban a toda velocidad hacia la ciudad. Algo gordo había pasado ahí delante, seguramente tardarían en reanudar la marcha, así que Manuel se acomodó en el asiento y disfrutó de la siguiente canción que sonaba Back in Black de AC/DC.
Pasaron treinta minutos, una hora.. y nadie se movía. Manuel quitó el cd y poner la radio. «Puede que digan algo del tráfico, de lo que ha pasado, ¿un accidente múltiple tal vez?».
—Y los resultados deportivos de esta jornada son....
Cambió de emisora.
—Mañana se esperan lluvias...
Cambió de nuevo. «¿Donde demonios está la emisora de Tráfico?», Manuel apretó los dientes nervioso.
—...disturbios por toda la ciudad...
Cambió, nada del accidente.
—Ataques a personas inocentes...
Cambió. Seguramente hablarían de alguna guerra, siempre son los inocentes los que sufren en ella.
—Las autoridades sanitarias advierten que los infectados...
Cambió. Aún faltaba un mes para el otoño y ya empiezan con lo de la gripe.
—...la entrada a la ciudad... —«¡Premio!», Manuel sonrió con satisfacción.  —...está colapsada debido a los disturbios que están ocurriendo en diversas zonas. La policía recomienda que permanezcan en sus casas hasta que el conflicto se haya solucionado y se hayan encontrado a los causantes de tales altercados. Los hospitales no dan a basto tratando a los heridos. Aún no se sabe el origen de los ataques. Si ven a alguien que parezca peligroso, diríjanse hacia la comisaría de policía más cercano y si tiene oportunidad, refugiase en un lugar seguro. Se sospecha que los ataques han sido obra de alguna organización terrorista. Repetimos, la entrada a la ciudad....
Manuel no podía creer lo que acababa de escuchar ¿ataques?¿infectados?¿altercados en la ciudad? ¿que demonios pasaba?. Cogió su móvil e intentó llamar a su mujer, pero no daba señal. Empezó a preocuparse, ya no por el atasco ni por si mismo, sino por su familia. A estás horas su mujer estaría bañando a su pequeña Claudia. Esperaba que estuvieran a salvo en casa...
—¡¡ULTIMA HORA!! —la voz de la locutora de radio, aguda y firme, le sacó de sus pensamientos y toda su atención se centró en ella. —El gobierno comparecerá en 30 minutos para dar un discurso sobre lo que está sucediendo, y es que podemos afirmar que no sólo está teniendo lugar en nuestra ciudad, sino también en varias ciudades europeas. Tenemos en directo a Carmen desde el Hospital de Barcelona, dinos Carmen, ¿como están las cosas? tenemos entendido que los hospitales están colapsados ¿nos lo puedes confirmar?
—Hola María —la chica sonaba algo alterada por los altavoces del coche— si, lo podemos confirmar, los médicos y enfermeros no dan a basto. Hay heridos por todas partes, muchos graves, y lo que se está viviendo aquí desde hace unas horas es un verdadero caos. Nadie sabe que ocurre ni cuál es el origen de todo esto, pero podemos asegurar que la imagen es dantesca aquí dentro. Hay gente herida, mutilada, sangre por todas partes y sus testimonios son estremecedores, unos dicen que les atacaron sin previo aviso, hay muchos ataques por mordedura y.... —de repente hubo una larga pausa. Manuel estaba desconcertado por todo lo que acababa de escuchar, ¿era real lo que habían dicho? ¿se trataba de una campaña de publicidad de alguna estúpida película? 
—Carmen, Carmen ¿estás ahí? Vaya, parece que hemos perdido la conexión...
—¡¡Aaaaah!! ¡¡Dios!! ¡¡tenemos que salir de aquí!! ¡¡joder, hay que salir de aquí!! ¡¡corre corre!! —se oyó como si algo cayera, «El micro, se le a caído el micro, ¿pero que cojones...?». 
Se escucharon gritos, gemidos y disparos. Después, se hizo el silencio.


martes, 8 de noviembre de 2011

El Reflejo de la Bruja - III Parte -

-VI-


Cuando Sara irrumpió en la tienda de antigüedades, el dependiente la miró y esbozó una misteriosa sonrisa.
-Sabía que volveria....
Sara, soprendida, se acercó a él con paso decisivo.
-¿Que sabía que volvería? ¿acaso es vidente o tiene algo que esconder? recuerdo cuando compramos el espejo, usted se mostro sorprendido, ¿porque? desde que lo compramos mi madre está encerrada en su habitación y antes ví...
-A una mujer de pelo castaño u otra de peliroja ¿cierto? Son las hermanas Sanz.
-¿Quién demonios son las hermanas Sanz? -Sara empezaba a estar nerviosa, parecía que ese hombre supiera todo desde el principio, y la furia fue creciendo en su interior.
-Eran brujas. Muy poderosas. Normalmente a la gente no le gusta ese espejo, les incomoda. Por eso me sorprendió tanto que quisieran comprarlo.... -hizo una pausa.
-Si sabía esas cosas ¿por que nos vendió el espejo? -dijo Sara bruscamente.
-Bueno, no sabía si las leyendas eran ciertas o pura superstición. En mi profesión hay muchos objetos con historia. Aunque como ya he dicho, a la gente no le suele gustar estar cerca de ese espejo... -el hombre se sentó en una silla detrás del mostrador y miró atentamente a Sara- se dice que Elisa y Helena Sanz eran dos hermanas muy poderosas, heredaron sus poderes de su madre, también era bruja. Al morir ella, Helena, la del pelo castaño, se volvió ambiciosa. Quiso someter a todo el mundo con su poder, y lo consiguió. Menos a Elisa. Ella la desafió, y se enfrentaron en una batalla en la que ninguna de las dos salió con vida. Cuenta la leyenda que el alma de Elisa quedó encerrada en el espejo, y que su hermana vela para que nadie pueda rescatarla.
-Joder...yo pensaba que nada de eso existía, que eran cosas para asustar a los niños...
-Pues ya ve que no, yo también lo creía, hasta que vino usted, esperaba no volver a verla, pero algo en mi interior me decía que si, y al ser su madre la que quiso el espejo, supuse que usted sería quién vendría en busca de respuestas. -desvió su mirada- lamentablemente no se que pueden hacer para solucionar el problema, la verdad, yo le recomendaría que tirara el espejo....si esque éste se lo permite...
-Claro que lo pienso tirar, ¡y ahora mismo! -dijo Sara y empezó a dirigirse hacia la puerta - y le recomendaría que si tiene algún otro objeto que tenga alguna leyenda o cosa extraña...¡¡no lo venda!! -dió un portazo a la puerta y fue rápidamente a su casa.


-VII-


Sara entró directamente en la habitación de su madre. Se acercó a ella y le acarició la cara
-Mamá, no te preocupes, que ahora arreglo yo todo esto y volverás a ser la de antes -le sonrió.
Emma seguía en estado catatónico. No dijo nada. Sara sollozó de impoténcia, de ver a su madre así y se acercó al espejo.
-Acabó tu hora... 
Se paró en seco. La mujer peliroja la estaba mirando.
-Sacádme de aquí, por favor.
Sara dió un par de pasos hacía atrás. Miró de nuevo a su madre, por primera vez en tres semanas parecía salir de su ensoñación. Se incorporó un poco de la cama.
-¿Que podemos hacer? -Sara miró a su madre. Todo esto le parecía subrealista, pero estaba pasando. Sentía que a pesar de que todo era una locura, era real.
-Acercaos, las dos. Sacadme del espejo y toda esta pesadilla terminará. Sólo tenéis que acercaros a mi.... -Elisa sonrió.
-No lo hagais...-dijo una voz de entre las sombras.
Emma y Sara giraron la cabeza, y en la pared al lado de la puerta estaba la mujer de pelo castaño, Helena. Sara recordó la história que el dependiente le había contado, Helena estaba ahí para vigilar que Elisa no escapara del espejo.
-Vamos -le dijo a su madre- tenemos que ayudarla.
-No lo hagais -volvió a decir Helena- no es lo que parece.
-No quieres que ella escape, ¿no es así? quieres que esté encerrada siempre en el espejo, torturarla haciendo que su alma no pueda descansar, ¡¡y por culpa de todo esto también estás torturando a mi familia!! ¡¡así que si debo ayudarla para que todo vuelva a la normalidad, lo haré!!
-Cometéis un error...no la escuchéis... -dijo Elisa, acercandose a ellas, con movimientos erróneos y rápidos. A Sara se le pusieron los pelos de punta. - no es lo que parece...
Pero Sara estaba decidida. Ayudó a su madre a levantarse de la cama, y juntas fueron hacia el espejo.
-No...


-VIII-


Fue lo último que oyó decir Sara. De repente, estaba dentro del espejo. Era como la habitación de sus padres pero a la inversa, y más oscura. Elisa se puso al lado de ellas.
-No pensé que fuera tan facil... -de repente, la sonrisa que tenía se volvió una mueca diabólica - en serio ¡¡no pensé que fuera tan fácil!! -empezó a reirse.
-¿Que...que quieres decir? -preguntó Sara, aunque ya dedujo la respuesta. Tenía a su madre cogida por la cintura.
-Tendrías que haberle hecho caso a mi hermana. Nada es lo que parece. 
-¿Pero...pero el dependiente dijo....?¡¡tu eres la buena!!
Helena empezó a reirse más fuerte, tanto, que el parecido que tenía con Emma se borró. Sara sintió un escalofrío en lo más profundo de su ser.
-Las historias cambian....las leyendas, con el tiempo se tergiversan. ¿Elisa la bruja mala? ¡¡Dios, si era una santita!! La muy estupida...intentó arruinar mis planes, pero pude matarla. Lo malo esque no pude evitar el maldito hechizo que me encerró aquí. ¡Y encima Elisa decidió quedarse para vigilarme! -hizo una risa sarcástica- aunque no creo que le haya servido de mucho ¿verdad? -les guiñó un ojo.
Sara sentía cada vez más frío. Emma se desmayó.
-¡¿Pero que le pasa a mi madre?! ¡¿Que le has hecho hija de puta?!
-Ah ah ah...nada de insultos o lo lamentarás -le lanzó una mirada amenazadora- lo que le ocurre a tu madre es que para poder salir de aquí necesitaba dos cosas: algún estúpido que me diera su fuerza vital, y otro que se quedara aquí en mi lugar. 
Emma cayó al suelo, Sara se acercó a ella. Estaba muerta.
-Perfecto, ya tengo toda su vida dentro de mi - Elisa sonrió.
-¡¡Maldita seas!! -Sara se avalanzó sobre ella.
Elisa hizo un movimiento con las manos y desapareció. Sara miró a su alrededor, no estaba por ninguna parte. En el rincón pudo ver a Helena que se acercaba lentamente. Sara cayó al suelo llorando.
-Te lo advertí -oyó la voz de Helena susurrante, muy cerca- has hecho que ella escape, tu madre está muerte y tú...tú estarás aquí para toda la eternidad....-desapareció.
-¡¡No!! ¡¡No, por favor!! ¡¡No me dejes aquí!!
-Ella sólo vigilaba que nadie me liberara, se ha marchado para siempre. Descansa en paz, hermanita. - miró hacia el espejo y vió a Elisa en el otro lado- ahora tú sentirás lo que yo he sufrido todos estos años.
Empezó a reirse y salió de la habitación. Sara lloró con todas sus fuerzas. Gritó impotente, con el cuerpo de su madre a un lado. Sabía que por su culpa ella había muerto. 


Sabía que jamás volvería a salir de allí y que viviría para siempre en el espejo.

lunes, 7 de noviembre de 2011

El Reflejo de la Bruja - II Parte -

-III-


Emma bajó al salón para cenar algo, se sentía extraña despues de esa pesadilla, se había levantado temblando, sobresaltada. 
-¿Que te ocurre cielo? -le dijo Hugo nada más verla. Sara estaba ya por el postre.
-Estoy bien, sólo un mal sueño, nada más -sonrió, no le tenía que dar importancía, al fin y al cabo era eso, sólo un sueño extraño, una pesadilla.
Cuando terminaron de cenar, Sara subió como siempre a su cuarto. Hugo miró a Emma.
-¿En serio estás bien? te veo muy callada. -dijo preocupado.
-Si si, no te preocupes, estoy cansada, es eso, ahora corregiré los examenes que me quedan y a dormir. Mañana estaré mejor -le miró y le besó. No sabía porque pero en su interior sabía que eso no ocurriría.


Estuvo corriguiendo examenes hasta las 12 de la noche. Pocas preguntas y buenas explicaciones, ese era su método, así que tenía mucho que leer. Cuando acabó, se dirigió a su dormitorio, Hugo ya estaba dormido. Se acostó a su lado y se durmió.
Abrió los ojos y se vió a si misma de nuevo delante del espejo. Sintió escalofríos, y se apartó de él. Pero su reflejo seguía allí, observandola. La sonrió. Era una sonrisa que le herizó la piel. Escuchó un sonido que provenía de su espalda. Lentamente, Emma se giró, conteniendo el aliento. Contempló como era su habitación en su sueño. Estaba casi igual, salvo que se sentía incómoda, y su marido no estaba en la cama. En un rincón, al lado de la puerta, vió una especie de sombra. Esa sombra empezó a moverse, arrastrandose por el suelo, lentamente. Emma se apartó, y se puso contra la pared. La sombra se fue levantado del suelo, con movimientos erráticos. Entonces se fue acercando más rápido. Emma vió su rostro, era la mujer de cabello castaño de su anterior sueño. La mujer se acercó hasta ponerse a unos centímetros de su rostro. El olor a muerte llenó toda la habitación. Emma chilló de terror.
-¡¡Emma, Emma despierta!!
Abrió los ojos y vió a Hugo zarandeandola, asustado.
-No pasa nada, es otra pesadilla -le dijo para tranquilizarle.
-Pero si estás temblando...
-A sido muy real, no te preocupes, se me pasará. Sigamos durmiendo.
Emma se dió cuenta de que su corazón estaba muy acelerado, intentó relajarse, pero era incapaz de cerrar sus ojos. No volvió a dormir en toda la noche.


-IV-


Antes de irse al instituto, Sara entró en la habitación sus padres. Su madre seguía ahí, en la cama, con los ojos medio abiertos, parecía que estuviera en otro lugar. Vió el espejo. Una sensación extraña recorrió todo su cuerpo. No sabía por que, pero empezó a ponerse muy nerviosa, así que salió de la habitación.
Bajó al salón, donde su padre, como cada mañana, se preparaba un café.
-Papá ¿que le ocurre a mamá? parece que esté ida o algo así -preguntó extrañada.
-Dice que a tenido unas cuantas pesadillas, que no a dormido bien -le contestó su padre- es como si no hubiera dormido en toda la noche. Como siga así, le tendré que dar un tranquilizante o algo para que descanse.
-Si, sería buena idea -le contestó Sara- ¿oye no notas....? - se detuvo, le iba a preguntar sobre el espejo, pero sabía que su padre no creía en esas cosas -es igual, me voy a clase, hasta luego.
Cogió su cartera y se marchó.


Volvió pronto. Estaba preocupada por su madre, y su padre le había llamado para decirle que tenía guardia en el hospital esa noche. Dejó sus cosas en su habitación y fue a ver a su madre.
-Mamá, ya he llegado. ¿Como estás? 
No obtuvo respuesta, su madre seguía ausente.
-Venga, tienes que levantarte, no puedes estar todo el día así.
Nada. Sara se sentó en la cama, al lado de su madre. Seguía sintiendose incómoda, nunca le había ocurrido algo así, era una sensación extraña. Miró al espejo de nuevo y le pareció ver una sombra al lado de la puerta. Miró hacía allí y no había nada, volvió a mirar en el espejo y la sombra ya no estaba. Se levantó lentamente de la cama. Observó atentamente el rostro de su madre, parecía aterrada. Estaba pálida y tenía ojeras. En sus ojos se podía ver miedo. Miedo en su más pura esencia.
Sara se fue de la habitación y cerró la puerta. No podía aguantar más allí. Desde que estaba ese espejo su madre había cambiado.


-V-


Emma no conseguía levantarse de la cama. No dormía, y si su marido o su hija no le subían algo para comer, tampoco comía. Llevaba así dos semanas. Se sentía abatida, agotada, como si perdiera fuerzas lentamente. Pero sobre todas las cosas, asustada. No quería levantarse de la cama. Tenía miedo de ver lo que había en su habitación. Una vez intentó incorporarse, pero volvió a ver la sombra en la pared. Siempre en el mismo lugar. Le echó una mirada al espejo, y vió su reflejo, con el pelo rojizo, que la sonreía. Desde entonces no había vuelto a intentarlo. No entendía que era eso. No entendía nada. Sólo sentía el miedo.


Sara la visitaba a menudo, aunque no tanto como ella quisiera. Aún se sentía mal cada vez que estaba en esa habitación, así que no permanecía demasiado tiempo con su madre, cosa que le entristecía. Hugo estaba con Emma siempre que podía. Esas semanas tuvo mucho trabajo en el hospital, por lo que no estaba mucho por casa. Nadie sabía que le pasaba a Emma, sólo que no salía de su cama.
Pasó otra semana igual a las anteriores, y aunque Sara intentaba evitar el tema porque lo consideraba una casualidad, ya no pudo hacerlo más.
-Se que no quieres hablar mucho pero tienes que decirnos que te ocurre, mamá, ésto no es normal. Parece que te hayan gafado o algo así. Desde que compraste ese maldito espejo...
Sara no pudo continuar. Los ojos de su madre se abrieron más de lo normal, y su rostro dibujó una mueca de terror.
-Es eso ¿verdad? -miró hacia el espejo, volvió a ver la sombra en el rincón, se sobresaltó. -¿Que haces aquí? ¿que es lo que quieres de mi madre? -le preguntó desafiante, apartando el miedo de su mente.
La sombra desapareció, y en su lugar apareció un reflejo que nunca habia visto. Era una mujer, muy parecida a su madre salvo por el pelo, de un rojo intenso. La mujer la miró y sonrió. Después, desapareció.
Sara se marchó corriendo de la habitación, decidida a ver a alguién que se había extrañado de que se llevaran ese objeto: el vendedor de la tienda de antigüedades.


sábado, 5 de noviembre de 2011

El Reflejo de la Bruja - I Parte -

-I-


-¿Has visto la cantidad de cosas que hay? -dijo Emma a su hija Sara cuando entraron en una pequeña tienda de antigüedades que habían encontrado por casualidad en el centro.
-Más trastos viejos.... -murmuró Sara, a su madre le encantaban esas cosas, a ella le aborrecían.
-No son trastos...mira, aquí hay un teléfono antiguo, ¿no quedaría bien en el salón? -preguntó Emma emocionada.
-Si si...lo que tu quierás mamá -Sara empezó a dar vueltas por la tienda dejando a su madre atrás.
Emma la siguó, observando todas las cosas que habían, cuadros de artistas desconocidos, muebles de aspecto rústico, joyas que habían pertenecido a alguién hacía ya mucho tiempo. A Emma siempre le habían apasionado todas estas cosas y nunca dejaba escapar la oportunidad de entrar en una de estas tiendas y comprar algo.
-¡Eh mamá, mira aquí! ¿no querías comprar un espejo nuevo para tu habitación? -le dijo Sara al lado de una pared llena de espejos.
Había de todas las formas y tamaños, pero Emma quedó hipnotizada por un gran espejo ovalado, de marco dorado, delicadamente ornamentado.
-Éste es perfecto -dijo Emma en cuanto lo vió- es...¡es precioso! -le sonrió y miró el precio- no es muy caro, nos lo podemos permitir.
-¿No sería mejor mirar en otras tiendas?algo más...moderno por ejemplo.
-No hace falta mirar más, me quedo con éste.
-En fin, es para tí -respondió Sara con resignación, no entendía como algo tan viejo le podía gustar a su madre.
Fueron a la caja y un hombre de mediana edad les atendió.
-¿Desean algo? -les dijo afablemente.
-Sí, ese espejo de marcos dorados, nos lo llebamos.
-¿Estan...están ustedes seguras? -su cara amable habia desaparecido y dejó en su lugar un rostro incrédulo.
-Sí...-le contestó Emma- ¿oiga que le ocurre algo al espejo?
-No no...no le pasa nada, sólo que lleva mucho tiempo aquí...supongo que me sorprende que al final alguién lo compre -se le dibujó una leve sonrisa, al verla Sara dedujo que era falsa.
-Pues no entiendo porque, es un espejo fantástico. ¿Nos lo podrían llevar a casa? ¿mañana por ejemplo?
-Sí, no hay problema, ahora le cojo los datos y concretamos hora.
El dependiente se adentró en la trastienda unos instantes. Emma y Sara se miraron y cuando estaban a punto de hablar el hombre volvió.
-Apunteme aquí su dirección si es tan amable... -le pasó a Emma una hoja de envió.
Emma la rellenó, pagó el espejo más los gastos de envió y despidiendose, madre e hija salieron de la tienda.


-II-




Hugo volvió pronto esa noche del trabajo. Había doblado turno en el hospital el fin de semana anterior y ese día sólo había trabajado 4 horas. Cuando Emma le contó la historia del espejo mientras cenaban, le había parecido buena idea, por lo que le decía su mujer, era muy bonito, aunque su hija no parecía tan entusiasmada.
-A ver, un espejo es un espejo, es bonito si, pero no es nada del otro mundo -le dijo Sara mientrás se terminaba el postre.
-Bueno, mañana cuando lo vea podré opinar -dijo Hugo sonriente- además si a tu madre le gusta, seguro que estará bien. -se levantó de la mesa y dejó su plato y el de su mujer en el lavavajillas.
-Si, pero no te esperes maravillas, es sólo un espejo con un marco dorado -Sara se levantó, dejó también sus platos en el lavavajillas y lo puso en marcha.- me voy a leer un poco antes de dormir, buenas noches -dijo y les dió un beso en la mejilla a cada uno.
-Buenas noches.
-Buenas noches cielo -le dijo su madre y la observó marcharse. Parecía mentira que ya tubiera 15 años, cuando hace dos días aún la llevaba al parque de la mano. Miró a su marido - ¿vemos un poco la tele y vamos a la cama? -le guiñó un ojo, y Hugo supo perfectamente lo que eso quería decir.
-De acuerdo -la abrazó y fueron juntos al salón a ver la televisión.


A la mañana siguiente llegó el espejo. Emma lo puso encima de su cómoda, a Hugo le gustó, y Sara lo miró con indiferéncia.
El día fue normal, cada uno en sus respectivos trabajos, Emma era profesora de história y Hugo doctor en urgencias. Sara tuvo una buena notícia al sacar un sobresaliente en matemáticas.
Al llegar la tarde, Emma llegó cansada a casa, se cambió, se duchó y decidió dormir un rato hasta la hora de la cena, después le esperarían unas cuantas horas corrigiendo examenes. Cuando pasó por delante del espejo, le pareció ver una especie de sombra que la seguía. 'No puede ser...', penso, 'estoy demasiado cansada, veo cosas donde no las hay'. Se echó en la cama, eran ya las 19.30, puso el despertador media hora y se durmió.
De repente, se vió a si misma delante del espejo, cepillandose lentamente el pelo con un cepillo de aspecto antiguo. Su pelo, que era castaño rojizo, se veía de un rojo fuego en su reflejo y un poco más largo de lo normal. De repente, la imagen del espejo la miró detenidamente, y aunque ella seguía cepillandose, su casi igual en el espejo dejó de hacerlo.
-¡¡Ayúdame!! -le grito, el fonde se fue volviendo negro- ¡¡Ayúdame a salir de aquí, por favor!! - unas manos rodearon su cuerpo.
Emma se levantó de un salto
-¡Cuídado! ¡Dios! ¡¿como puedo ayudarte?!
En ese instante todo el espejo se volvió negro. Notó algo frío en su cuerpo, miró hacia abajo y unos brazos pálidos la rodearon. Al girarse, vió a una mujer, de pelo largo y castaño que la abrazaba, al poner atención en su cara, pudo comprobar que estaba en descomposición. Emma gritó con todas sus fuerzas y cerró los ojos instintivamente. Al abrirlos, estaba de nuevo en su cama, todo parecía en orden. Eran las 19.32.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Actualización

Hola a tod@s!!


Nuevo diseño (ya no de Halloween ) en el blog, espero que os guste!!! Y para el viernes espero tener un nuevo relato disponible, y os debo uno de brujas (especial Halloween) ^_^