Relatos Terror

Relatos de terror

Serie Z

Relatos de temática zombie

Relatos Fantasía

Relatos de fantasía

Otros

Relatos de temas diversos

domingo, 22 de abril de 2012

Una noche

Entre el ruido de borrachos hablando y de botellas contra la mesa no podía concentrarse. Le dolía la  cabeza, algo frecuente desde que había empezado a ir a ese lugar.  Peter empezaba a estar ebrio, y la conversación de sus amigos era cada vez más absurda. Una noche normal de un día cualquiera. Desde que hacía un año Elí, su mujer, había muerto en un accidente de coche, se pasaba todos los días de su miserable vida bebiendo con una panda de borrachos a los que jamás llamaría amigos en ese bar de mala muerte. Apestaba a alcohol y a sudor, el mismo olor que había en el piso que unas semanas antes de su muerte habían alquilado juntos. Un piso hermoso en el centro, con vistas a un parque. Quedó a medio decorar, y ahora parecía una pocilga sucia y abandonada. Su rutina diaria era ir a trabajar, ya que debía pagar el alquiler, comer y beber hasta olvidar. Algunas veces, en la estación de metro que le llevaba al trabajo, había pensado en lanzarse a las vías y acabar con todo, con el sufrimiento del día a día, de enfrentarse a su nueva vida sin ella. Pero nunca había tenido el valor para hacerlo.

Observó a la gente que estaban en aquel momento en el bar, los mismos de siempre quejándose de su estúpida existencia.  Que si el trabajo es un coñazo, que si su mujer es una perra… odiaba a ese tipo de personas, personas que tenían un trabajo y a alguien en casa que les quería y se lo agradecían de esa forma. A veces veía como alguno de ellos le metía mano a una de las camareras o a las pocas mujeres que entraban en el lugar. Y alguna vez conseguían tener suerte con alguna de ellas. Eran patéticos…

Pero esa noche era diferente. Lo notaba en el ambiente. En una de las mesas más alejadas y oscuras había un grupo que nunca había visto antes. Tres hombres y dos mujeres. Eran diferentes, no parecían encajar en ese lugar. Una de las mujeres, una preciosidad castaña de ojos azules le miraba.  Peter bajó la vista y contempló su casi vacía cerveza. Desde que Elí murió, no había mirado nunca a ninguna otra mujer, no de esa forma. Deseándola.

—¿Quieres otra? —le dijo una de las camareras del bar.

—Si por favor… —Puede que fuera un borracho, pero aún tenía modales.

La mujer volvió poco después con otra cerveza y Peter continuó bebiendo.

No prestaba atención a la conversación de sus compañeros de borrachera. Miró de nuevo a la mujer, ella también le estaba observando. Bajó la mirada de nuevo, ¿qué le ocurría? No es que no fuera atractiva, pero también había visto mujeres atractivas todo este tiempo y no se había sentido así, una mezcla de deseo y culpabilidad. Culpabilidad por deshonrar la memoria de Elí.

A los meses de su muerte, cuando empezó a caer en el mundo del alcohol, muchos de sus antiguos amigos y familiares le habían dicho que levantara cabeza, que ella no querría verle así, hundido y con una depresión que casi no le dejaba moverse de la cama. Les hizo caso en parte. Volvió al trabajo, pero los niveles de alcohol en su cuerpo iban subiendo más y más. Y jamás había estado con otra mujer.
Pero ella era diferente. Levantó la cabeza y la miró de nuevo. Le sonrió y Peter notó una extraña sensación en el estómago; se había puesto nervioso. No le devolvió la sonrisa, pero levanto su cerveza en forma de saludo. Ella susurro algo a la chica de su lado y las dos le miraron. Peter volvió a pones toda su atención en la botella que tenía entre sus manos. Puede que se estuvieran riendo de él, del típico fracasado de bar. Y eso no le gustaba.

La camarera le sobresaltó al acercarse con sigilo.

—Te han invitado a otra cerveza. Esa mesa de allí —Señaló la mesa del extraño grupo.

—Diles que gracias —gruñó mientras la cogía sin dejar de pensar que le estaban tomando el pelo.

No le gustaba esa sensación. Se había convertido en sólo una sombra del hombre que había sido antaño. Del hombre que Elí había amado. Si ella lo viera ahora… Se sentía avergonzado de haber acabado así, pero no lo pudo evitar. El dolor y la pena lo habían consumido hasta llegar a ser una burla de si mismo, un bufón, un borracho. Miró a la mujer instintivamente, ella no apartaba sus ojos de él.  Le hizo señas para que se acercara a su mesa, pero no se atrevía.  Sólo iban a reírse de él. Negó con la cabeza, ella le miró con tristeza. El resto de la noche fue un cruce de miradas entre el bellezón castaño y él. Llegó a pensar que le podía gustar, y es que a pesar de haber acabado así, conservaba algo de su encanto natural. Era alto y atlético, aunque había empezado a sacar algo de barriga por culpa de la cerveza. Cabello rubio ceniza, el cual Elí siempre alborotaba, y ojos avellana.  La noche fue pasando, y ninguno de los dos se movió de su mesa. Cuando ya eran las tres de la mañana, Peter decidió marcharse.

—Bueno chicos, a sido una gran noche, pero debo irme a descansar un poco o mañana llegaré tarde al curro —Los demás ni se inmutaron, como de costumbre.

Salió del bar y fue hacia un callejón cercano, era un atajo a su casa. Estaba inquieto. Era una noche sin estrellas, y a pesar de la luz de las farolas todo tenía un aspecto aterrador. Empezó a caminar cada vez más deprisa, mirando a los lados. No estaba muy lejos de su casa pero aun le quedaban unos diez minutos para estar a salvo en ella. Notó un movimiento a su espalda y se giró sobresaltado.

—¿Quién anda ahí? ¡¡Sal cobarde!! —dijo, pero no obtuvo respuesta.

Peter retomó su camino, cada vez más nervioso.

Algo le inmovilizo; le tenía cogido del pecho. Miró y unos brazos delicados de mujer lo habían envuelto en un abrazo del que no podía escapar. No entendía como algo a la vista tan frágil podía tener tanta fuerza. Intentó soltarse, sin éxito.

—Es inútil, será mejor que no te resistas. Créeme —dijo una voz seductora de mujer.

Su atacante apoyó la cabeza en el hombro de Peter, y gracias a eso pudo ver su perfecto perfil. Era la mujer del bar.

—¿Pero que coño haces? ¡¡Suéltame puta!! —Se zarandeó sin éxito.

—Te he dicho que no te resistas… —Lo cogió con más fuerza.

Peter dejó de intentarlo, no sabía porque, pero ya no tenia ganas de luchar contra ella. La miró de nuevo y ella le estaba sonriendo, pero no como antes, sino como quién tiene hambre y ve un buen chuletón en un restaurante. Notó como algo punzante se le clavaba en el cuello y su vida empezó a abandonar su cuerpo. Ella estaba bebiendo su sangre con tanta ansia que en pocos segundos estuvo mareado.

—¿Por… qué… ? —dijo Peter—. ¿Por qué a mi…?

Ella apartó la boca de su cuello.

—Porque lo estabas pidiendo a gritos. Porque ya estás realmente muerto —le susurró en el oído y siguió bebiendo su sangre.


Hacía tiempo que ya no luchaba. Sólo dejaba que ella acabara rápido con su vida. Era algo que deseaba desde hace tiempo, pero que nunca se había atrevido a hacer. Pero esa noche todo acabaría. Su sufrimiento. Su miseria. Cerró los ojos y vio a su mujer. Elí, la hermosa Elí, que le fue arrebatada de su lado demasiado pronto. Abrazo su destino, abrazo la muerte, y en pocos minutos, se reuniría con el amor de su vida.

lunes, 2 de abril de 2012

Una tarde en familia -III Parte-

-XI-

Helena había escuchado algo extraño en el bosque, por donde su marido había ido a buscar a Marty. Se puso tensa.
-Mamá, ¿qué pasa? –preguntó Lily algo asustada
-Nada cariño, solo que están tardando mucho…. –dijo Helena, no podía mentir a su hija, no en esos momentos en los que estaba preocupada.
-Deberíamos ir a buscarlos, a ver si se han perdido los dos –al decir esas palabras, Helena miró a su hija, ella también estaba preocupada.
-Si, puede que si nos vamos un poco por donde se han ido, podamos encontrarlos a mitad de camino…. Pero si vuelven y no estamos… un momento…
Helena tocó su bolsillo, ¡¡el móvil!! ¡¿cómo no había caído antes?! Empezó a llamar a su marido…el sentimiento de triunfo inicial se transformó en frustración al comprobar que no había cobertura en ese lugar.
-Mierda…-miró a Lily- si, podríamos ir un poco hacia allí, pero sin alejarnos mucho, que sino después puede que sean ellos los que no nos encuentren a nosotras –sonrió, intentó así calmar un poco los nervios de las dos.
-Está bien, seguro que les encontramos por el camino, papá ya le habrá encontrado y le habrá echado bronca por irse así y asustarnos a todos. –dijo Lily tajantemente y las dos se adentraron en el bosque.

-XII-

Marty despertó medio aturdido. Era como si le hubieran dado con una gran pelota de futbol. No, peor. Con una pelota de futbol hecha de hierro. Se intentó incorporar pero algo se lo impedía. Estaba atado con unas cuerdas muy extrañas a la pared, y tenía poca movilidad. Estaba en una cueva. Era oscuro pero entraba algo de luz por una grieta en el techo. Era un espacio grande, lleno de cosas. Intentó agudizar la vista y no pudo evitar un gemido de terror al comprobar lo que había en ese lugar. Cuerpos. Cuerpos mutilados. Cortados en trozos y puestos encima de unas toscas estanterías hechas de piedra. También se dio cuenta de que había muchas piedras a su alrededor. Intentaba evitar los cuerpos. No quería mirar hacia ese horror e intentó borrarlo de su mente. Se controló, y analizo la situación. Sabía que estaba en problemas y debía salir de ellos. Puso la vista  en el suelo y descubrió algunas piedras afiladas, cogió una e intentó desatarse.

Un ruido de arrastre. Marty se hizo el dormido, pero tenía los ojos entreabiertos. Pudo ver un ser, grande, parecido a un simio pero más atroz. Le recordaba a esos grabados sobre el eslabón perdido o e Bigfood. Estaba manchado con algo espeso que no podía identificar y arrastraba un cuerpo. Al fijarse mejor pudo comprobar que era el de su padre. Contuvo un gemido y cerró fuertemente los ojos. No podía ser verdad. Esto no esta pasando. Escuchó varios sonidos que en su mente no quiso saber qué eran. Cuando parecía que el ser se fue abrió de nuevo los ojos. Su padre, el hombre que siempre le llevaba a los partidos, que le animaba a que fuera siempre mejor, estaba dividido en varias partes. Su cara estaba desencajada de terror. No parecía la misma persona con la que se había reído unas horas antes en el coche de camino a la zona de camping. Rompió a llorar, pero por miedo a que el ser volviera intentaba ahogar sus gemidos por lo que sollozaba. Sollozó durante horas. Hasta que despertó de nuevo.

-XIII-

Helena y Lily iban en busca de su familia por el bosque. Helena se sentía cada vez más nerviosa. Tenía la sensación de que alguien las vigilaba. Las observaba. Cogía cada vez más fuerte la mano de su hija. En su corazón sentía que algo iba mal, realmente mal. Su hijo había desaparecido. Después su marido, y tenia la sensación de que algo les podía pasar a ellas. Miraba a ambos lados, como buscando a quién las acechaba. Su hija se dio cuenta.
-¿Te pasa algo mamá? Estás muy rara…. –la miró con dulzura, con esos ojos que tanto le recordaban a Noah.
-No cariño estoy bien, sólo algo nerviosa porque pensaba que ya les habríamos encontrado, nada más. – intentó sonreír, pero lo único que pudo hacer fue una extraña mueca que inquietó a su hija pequeña.
Lily miró al suelo, y Helena seguía obsesivamente mirando a su alrededor.
Notó un golpe seco y el chillido agudo se su hija. Ya nunca más recobraría el conocimiento.

-XIV-

Lily vio como su madre caía al suelo. Miró detrás de ella y vio una especie de mono grande con unas enormes garras que rugía de triunfo. Chilló. Con todas sus fuerzas. El ser la miró y se acercó a ella. Lily retrocedió todo lo que pudo, sin poder separar la vista de su agresor. Se desmayó.

El ser volvió a relamerse. Ya tenía el plato fuerte sólo para él. La mujer había muerto de un fuerte golpe que le había roto el cráneo. La niña se había asustado tanto que se desmayó. Le puso el trabajo fácil. Cogió a la mujer y la llevó a hombros, y a la niña con una sola mano le bastaba. Fue directo a su cueva. Primero ataría a la niña junto a su hermano, y después descuartizaría a la mujer y la haría trocitos pequeños, más fáciles de guardar.
En cuanto llegó al lado de su hermano, que aún estaba dormido. Cogió el cuerpo de la mujer y empezó a su trabajo.

-XV-

Se despertó sobresaltado. Le dolía aun la cabeza. Aturdido miró a su alrededor. El monstruo aún no había vuelto. Miró a su padre, lo que quedaba de él. Tenía qua hacer algo y rápido. Cogió una de las piedras afiladas que tenia a su alrededor. Empezó a cortar las cuerdas. Escuchó un sonido. Escondió la piedra entre sus manos y se hizo el dormido. El ser había vuelto. Y llevaba algo con él. Decidió mantener la calma y permanecer inerte. Notó como ponía algo a su lado y después se iba hacia donde había descuartizado a su padre. Pudo escuchar como el monstruo destrozaba otro cuerpo. Esperó unos minutos y abrió los ojos. A su lado tenía a Lily, su hermana pequeña. La miró incrédulo, no podía ser, ella estaba lejos con mamá…..miró al menstruo y pudo comprobar como estaba mutilando a su madre.  Se quedó en shock. Inmóvil. Observó como con una especie de hacha le iba cortando los brazos, las piernas…todo el suelo estaba manchado de vísceras y sangre. Su familia. Las personas a las que más quería estaban muertas. Miró a su hermana atentamente, intentado averiguar si estaba viva o muerta. Parecía que respiraba. Volvió a mirar al monstruo, ellos sería los siguientes de su macabro plan. Después de despedazar a sus padres aria lo mismo con él y su hermana.
No podía permitirlo. La ira hizo que apretara las manos contra la piedra afilada y se las cortara. Mientras un chorro de sangre recorría sus manos pensó en como llevaría a cabo su venganza. Empezó a cortar de nuevo las cuerdas, esta vez con mayor rapidez y fuerza. Consiguió liberarse. Con sigilo buscó una piedra grande, que tuviera algún canto afilado, con la cual poder atacar al monstruo. Se acercó a su hermana pequeña.
-Lily…Lily despierta…
-Eehhh …. –emitió una especie de ruidito, siempre lo hacía cuando se levantaba por las mañanas.
-N hables, sólo escucha – aún parecía aturdida pero notaba que le prestaba atención- oigas lo que oigas, no mires, ¿de acuerdo? Cierra los ojos y piensa….piensa en las vacaciones de veranos, las que fuimos a la casa del lago, lo bien que lo pasamos, y recuerda, no mires –dijo estas ultimas palabras con rotundidad, notó como Lily contenía un gemido y asentía con la cabeza.
Encontró lo que buscaba. Con mucho cuidado se acercó al monstruo. Un olor  a podrido inundaba la habitación. El olor de cuerpos en descomposición. Al acercarse vio mejor lo que estaba haciendo: seguía cortando a su madre en trozos y separándolos, vio en el suelo que había varias pilas. En una de ellas había brazos y piernas, en otra, vísceras, y en la del medio, las cabezas. La de su padre estaba encima de todo. La furia se apoderaba de todo su cuerpo. Sabia que podía morir en ese momento, que el monstruo podía girarse y arrancarle la cabeza, y que ese también sería el fin para su hermana. Pero no le importaba. Tenia que intentarlo. Tenía que vengar a sus padres y escapar con Lily. Debía hacerlo. Levantó la piedra justo encima de la cabeza del monstruo y se la estampó en toda la cabeza. El monstruo grito de dolor y se giró para ver que le había golpeado. Miró a Marty con sorpresa y rabia. Marty le dio otro golpe, esta vez más fuerte y el monstruo se tambaleó. Vio que se le había caído el hacha y fue a por el. El monstruo le cogió de la pierna y lo tiró al suelo. Marty intentaba escapar con todas sus fuerzas. Pataleó  e intentaba acercarse más al hacha. Cuando lo consiguió en un gesto rápido lo cogió y le corto el brazo con el que le tenía cogido. El ser gritó más fuerte. Maty se abalanzó sobre él y encima de su torso le clavo el hacha una y otra vez. Sólo sentía ira, dolor, odio. Odio por esa cosa que había matado a sus padres y que iba a matarlos a ellos también. Y eso le cegaba. Y aunque el monstruo ya llevara muerto desde el tercer hachazo, Marty no paró hasta destrozarle la cabeza.  Fue parando a medida que le fallaban las fuerzas. Notó una mano pequeña en su espalda. Lily se había acercado a él.
-Ya a acabado Marty, está muerto… -dijo con un tono de voz extraño en ella, como si estuviera vacía.
Marty se levantó y abrazo a su hermana.
-Debemos salir de aquí… rápido –le dijo y la cogió de la mano- no mires atrás ¿vale?
-Ya vi a ma…má y a papá…. –las lágrimas empezaron a inundar su pequeño rostro.
-No llores, ellos no querrían verte así, tienes que ser fuerte, tenemos que salir de aquí y alejarnos lo más rápido que podamos.
Lily asintió, y cogidos de la mano, salieron de la cueva. La brisa de la noche les acarició la cara. Era una noche estrellada. Intentaron llegar al coche pero no sabían muy bien hacia donde iban. Buscaron el rio gracias al ruido del agua, y lo siguieron hasta la zona de camping. Cuando llegaron a ella se acercaron al coche de sus padres. Dormirían un rato allí dentro y por la mañana intentarían llegar a la carretera. Estaban a salvo de esa bestia. Pero ya nada era lo mismo. Sus padres habían muerto. Marty estaba cubierto de sangre. Lily parecía haberse perdido en si misma. Todo había cambiado. Todo lo que conocían o habían sido había muerto en ese bosque junto a sus padres.