miércoles, 2 de abril de 2014

El Último Juego de Niños, Capítulo 23


Dianna Agron es Maggie
Dianna Agron es Maggie
Maggie se sentó en la cama de su habitación. Vivía en una gran casa junto con Sarah, Dean y otros chicos que formaban su familia en ese mundo. Sarah y Dean compartían habitación al fondo de la casa, en la parte de arriba, ella tenía una propia delante de la de ellos, y había otra habitación que compartían Kate y Mary. Los más pequeños dormían en el salón de abajo. Miró el reloj, eran ya las doce y media, «Puede que no venga», pensó apenada y se tendió en la cama con sus brazos bajo la cabeza, «Puede que tenga mejores cosas que hacer». Cuando salieron del bar de Andrew, Bob se acercó a ella y le dijo al oído que la visitaría esa noche, que podría ser la última y quería pasarla con ella. Maggie le indicó dónde se encontraba la casa donde vivía y cual era su habitación. Bob debía lanzar una piedra contra su cristal y ella bajaría a abrirle. Nadie debía enterar, y eso lo hacía más especial. Pero llegaba tarde, y Maggie empezó a perder la esperanza de que apareciera.
Suspiró y cerró los ojos conteniendo las lágrimas «Qué tonta he sido, ¿cómo pude pensar que querría estar conmigo de verdad?». De repente, sonó un golpe contra el cristal.
Maggie se levantó a toda prisa y fue a mirar por la ventana. Allí estaba Bob, con una sonrisa en sus labios y las manos en los bolsillos. Maggie le hizo un gesto de que esperara y él asintió.
Bajó las escaleras a toda prisa, pisándolas levemente para hacer el menor ruido. Miró al salón, todos estaban ya dormidos. Abrió lentamente la puerta para evitar crujidos y Bob entró en la casa. Maggie puso su dedo en los labios para que no hablara y Bob la siguió hasta su habitación. Cuando entraron, Maggie cerró la puerta y sonrió.
—Pensé que no vendrías —dijo susurrando.
—Soy un caballero, ¿recuerdas? Nunca faltaría a mi palabra —Sonrió y se quedó de pie junto a la cama.
—Puedes sentarte —Maggie se sentó en la cama y Bob se puso a su lado—. Sarah y Dean duermen ahí, así que debemos hacer poco ruido —añadió señalando la pared de detrás de la cama.
—Hablaremos bajito entonces —Bob sonrió y la miró a los ojos—. ¿Cómo estás, Maggie? Mañana es el gran día.
—Aterrada —Miró al suelo—. Tengo miedo de que Matt nos mate, de perderlo todo, de los Cohen. Tengo un mal presentimiento.
—Yo también, creo que nos intentarán eliminar a la primera de cambio, y que si alguno de nosotros está en peligro, no moverán un dedo para ayudarnos.
—Lo se —dijo Maggie preocupada—. Debemos estar preparados para ello —Miró a Bob a los ojos.
—Y lo estaremos. Creo que ninguno se fía de los Cohen, tendrán cuidado, y si intentan algo, habrá que cubrirse las espaldas los unos a los otros. No te preocupes, Maggie, no nos pasará nada.
—Ojala tengas razón —Maggie apoyó su cabeza en el hombro de Bob—. Mañana va a morir gente, mucha gente. Sólo espero que no sean de los nuestros.
—Tendremos mucho cuidad —Bob le cogió de la barbilla y la miró directamente a los ojos—. Todo saldrá bien —la besó.
Maggie le rodeó con sus brazos y se tendieron en la cama, besándose dulcemente. Jamás había estado un chico en su habitación y estaba muy nerviosa. Bob le acarició el rostro.
—Es mejor que me vaya —dijo sonrojado—, si no, no responderé de mis actos —Sonrió.
—No te vayas, por favor, duerme conmigo ésta noche.
—¿Estás seguro de ello? —preguntó Bob.
—Lo estoy —Maggie sonrió y apoyó su cabeza en el pecho de Bob.
Se quedaron en silencio. Bob acariciaba el pelo de Maggie y ella suspiró. «Pase lo que pase mañana, ésta noche he sido realmente feliz», pensó quedándose dormida en los brazos del chico al que había empezado a amar.
***
Jacob Artist es Jack
Jacob Artist es Jack
—Es demasiado peligroso —dijo Jack caminando de un lado para otro.
—Pero podría ayudar —contestó Melissa suplicante.
—He dicho que no. Ya tenemos suficientes aliados, y te recuerdo que estás embarazada, no te pondré en peligro. Ni a ti ni a nuestro bebé.
Jack no podía creerse lo que Melissa le estaba proponiendo, «¿Cómo voy a permitir que vengas?» pensó negando con la cabeza.
—Está bien, Jack. Tú ganas —añadió Melissa derrotada.
—No es eso, y sé que serías capaz, lo se muy bien. Pero si te ocurriera algo, si te perdiera, no se qué haría. Prefiero que estés aquí, a salvo. Y saber que, si mee ocurriera algo, tú cuidarías de nuestro bebé —Le acarició el vientre.
Estaban en su almacén, el lugar donde habían compartido todos los momentos de su vida juntos. Jack recordó cómo conoció a Melissa.
Era una noche lluviosa y entró para refugiarse en la biblioteca. Tommy iba con él, y estaban calados hasta los huesos. Entraron en el gran edificio de mármol pensando que estarían solos, pero no fue así. Una chica menuda, de cabellos y ojos marrones y pecas se acercó a ellos y les ofreció quedarse. Era toda amabilidad y bondad. Les dio mantas para que pudieran secarse y té caliente. Tommy se quedó dormido al poco del cansancio, pero él pasó toda la noche hablando con Melissa. Y sólo le bastó esa noche, esas horas que estuvieron juntos, para decidir que jamás se quería separar de ella. Los días posteriores intentó visitar la biblioteca tanto como podía, y poco a poco el amor entre ello floreció y se volvió más fuerte. Desde entonces que se habían separado ni un solo momento, e incluso Tommy, que al principio rechazaba a Melissa por considerarla diferente a ellos, acabó aceptándola con los brazos abiertos.
Melissa se acercó a él y le besó. «Cómo echaré de menos tus labios mañana», pensó Jack con tristeza. A pesar de que había asimilado que mañana podría ser el día de su muerte, no podía dejar de pensar en las cosas que iba a dejar atrás, «Puede que no conozca a nuestro hijo, ¿estoy haciendo lo correcto? ¿Debo luchar para acabar con Matt e ir detrás de una supuesta cura que puede que ya no exista? ¿O debería quedarme y pasar mis últimos días de vida con la persona a la que amo?». Esas preguntas le rondaban a todas horas en la cabeza, pero realmente sabía qué debía hacer. «Para darle un futuro a nuestro pequeño, para que Melissa esté a salvo. Debo hacerlo».
—Me gustaría que no habláramos más del tema, por favor —dijo mirando a Melissa—. Quiero que ésta noche sea especial.
La abrazó y olió su cabello. Olía a flores, a fresco. Empezó a besarla con dulzura, y después apasionadamente. Melissa se dejó llevar y le dio un mordisco en los labios. Jack la tendió en la cama y se puso sobre ella.
—Te quiero, Melissa. Eres la persona que más he querido en la vida. Y quiero que pase lo que paso, no lo olvides nunca.
Melissa le miró con los ojos llenos de lágrimas.
—Yo también te quiero, Jack. Siempre lo haré, hasta el último segundo.
Jack sonrió y volvió a besarla. Se fundieron el uno con el otro, con dulzura, y volvieron a ser uno esa noche. La última noche antes de la batalla.
... Capítulo 24 por Elizabeth Thor, próximamente ...

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