martes, 29 de abril de 2014

El Último Juego de Niños, Capítulo 27



Joe Dempsie es Matt Nolan
Joe Dempsie es Matt Nolan
Matt se acercó lentamente a Jack. Había ordenado que lo subieran a su habitación y lo ataran en una incómoda silla de madera. El chico que lo había desafiado lo miraba atentamente con una sonrisa en los labios. Y a Matt eso le molestaba.
—Cuando acabe contigo, no sonreirás tanto —le dijo cogiendo de una mesa que había al lado de la ventana una navaja.
—Puede que asustes a tus secuaces, pero a mí no me das miedo —contestó Jack en tono cortante.
Matt se acercó a él y le puso la navaja en el cuello.
—Oh, ahora te haces el gallito, pero te aseguro que luego serás sólo un corderito asustado más —Apretó un poco la navaja y su víctima sangró.
—¿Te piensas que con eso me vas a hacer daño? Si es de juguete, no me extraña que hasta tu propia hermana se escapara de éste lugar sin que te enteraras —dijo Jack y rió.
Matt le dio un fuerte puñetazo en la cara que hizo que le sangrara la nariz, pero el chico no dejaba de reír.
—No menciones a mi hermana. Nunca —Matt acarició el filo de la navaja y miró a Jack—. Sabes, conozco a tu putita. Una chica muy guapa, eso es innegable, me lo voy a pasar genial cuando me la traigan —Cogió una silla y se puso frente a Jack—. Pero no te preocupes, tú podrás mirar mientras me la monto —Sonrió con satisfacción.
Y Jack actuó como era de esperar. Intentó soltarse de las cuerdas que le apresaban a la silla y apretó los dientes.
—¡No te acerques a Melissa, hijo de puta! —dijo con rabia.
«Perfecto. Eso es lo que quería», pensó Matt y sonrió aún más.
—¿Qué no me acerque? Chico, que me acerque a ella va a ser lo menos que voy a hacer —Se levantó de la silla y se acercó de nuevo a Jack. Éste intentaba en vano zafarse—. Jack, Jack, Jack… Puedo llamarte Jack, ¿no? ¿Por qué tanta hostilidad? Vamos, será divertido, bueno, al menos para mi —Fue hacia la ventana y miró por ella. «Voy a disfrutar viéndole sufrir»
—Eres un cabrón… No me extraña que ni tu propia hermana te quiera.
Matt se quedó quieto, mirando la ciudad, unos segundos. Ninguno de los dos habló durante ese tiempo. Matt suspiró y fue de nuevo hacia Jack.
—Te he dicho que no menciones a mi hermana —dijo remarcando cada una de las palabras—. O lo lamentarás.
—¿Y qué harás? ¿Pegarme otra vez? Eso no hará que ella te quiera —Jack le miraba con osadía.
«Así que quieres jugar, ¿eh? Pues juguemos.»
—Y eso tampoco hará que yo y mis hombres nos follemos a tu putita hasta desgarrarla por dentro, ¿no crees? —Ladeó la cabeza y le golpeó de nuevo en la cara haciendo que un hilo de sangre le recorriera el rostro.
—Vaya, veo que ya no eres tan… cortés. ¿Qué pasa? ¿El tema familiar te incomoda? —dijo Jack y lamió la sangre que tenía en el labio.
—Mis padres me enseñaron buenos modales —contestó Matt secamente—. Pero no soporto a los hijos de puta que intentan matarme y manchar el nombre de Sarah.
—¿Manchar el nombre de Sarah? Estás muy equivocado, eso lo has hecho tú solito —añadió Jack—. Y nada lo puede limpiar ya. Eres un dictador, un jodido niñato con aires de grandeza que cree que la gente le respeta, ¿pero sabes qué? No es respeto lo que te tiene la gente, si no miedo. Miedo por que estás completamente loco, y tu y tus chicos sois unos sádicos de mierda. Pero espera… ¿No eres tu el que siempre manda a tu perra a hacer el trabajo sucio? —Rió y asintió con la cabeza—. Oh, sí, eres tú. Y eso tiene un nombre. Cobarde.
Matt estaba rojo de rabia. «Pero cómo se atreve…?» Empezó a respirar con calma, tratando de calmarse. Inspiraba y expiraba sonoramente, y se dirigió de nuevo a la mesa donde tenía las armas que iba a utilizar en su interrogatorio. Las miró sin saber cual usar. A su espalda, podía escuchar a Jack riendo, y eso le ponía más furioso.
Tiró con el brazo todas las armas, haciendo que algunos cuchillos se le clavaran en su brazo y empezara a sangrar por las heridas. Fue directamente hacia Jack y empezó a darle una paliza con los puños.
Éste no dejó de reír hasta que Matt lo dejó inconsciente. Cuando acabó, el cuerpo inerte de su enemigo yacía en el suelo en un pequeño charco de sangre. Matt le comprobó el pulso y vio que seguía con vida.
Matt se levantó y caminó hasta la puerta de su habitación. Le dolían las manos de la paliza que le había dado a Jack. Entreabrió la puerta.
—Big T, llévate a este con el resto de prisioneros —Abrió la puerta de par en par y Big T entró, cogió a Jack del suelo y se lo llevó sin hacer preguntas.
«Hijo de puta. Cuando tenga a tu Melissa en mis manos sabrás lo que es sufrir.»
Antes de que Big T se alejara, Matt salió rápidamente.
—Y tráeme a Sarah, tengo que hablar con ella.
Big T asintió con la cabeza y se marchó.
***
Se encontraba de nuevo en una celda. «Al menos ésta vez no es tan sombría. Y tengo a Bob.» Lilith recordó su cautiverio y las torturas a las que era
Jena Malone es Lilith
Jena Malone es Lilith
sometida por su captora y sus secuaces. Aquella chica de pelo rubio y carácter descarado se había divertido a costa de su integridad. El nombre de su torturadora le vino a la mente: Katty. Lo había escuchado varias veces mientras los chicos la violaban. «Maldita mujer. Impía. Lo pagaras caro. Dios te castigará.»
Miró a Bob, su salvador «El enviado de Dios», pero algo en él había cambiado.
Les habían llevado a la vieja comisaría de policía y encerrado en una de las dependencias policiales.
Lilith estaba sentada en uno de los bancos al lado de su amigo. Junto a él, una chica de pelo rosa miraba el suelo. También estaba el resto del grupo: una chica de pelo castaño claro con una herida en el brazo, un chico negro a su lado abrazándola, un chico enclenque de pelo negro y mirada insegura, varios niños más pequeños y Bob, su dulce Bob.
—Al fin has venido a salvarme —dijo en un susurro y puso la mano sobre el hombro de Bob.
—Claro, ¿acaso lo dudabas? —le respondió con una sonrisa.
—Tuve mis momentos de falta de fe, la reclusión casi me corrompe. Me tentaron, oh si que me tentaron,  y el salvador me puso pruebas, pero el tenerte al lado significa que las pase todas —Sonrió.
—¿Pruebas? Lilith, ¿a qué te refieres con eso? —preguntó Bob confundido.
—Me torturaron. Me violaron. Y metieron a una pecadora en mi celda para hacer que pecara —Apartó la vista y se levantó—. Pero fui fuerte, Dios me dio fuerzas, y acabé con su pecado. Ahora él la juzgará.
—¡¿Te refieres a la chica en el charco de sangre?! —dijo con horror la chica al lado de Bob.
—Era una puta, una ramera. El pecado estaba en ella, y me la llevaron a mí. Ellos querían mermar mis fuerzas, pero yo sabía lo que tenía que hacer. Ellos pensaron que podrían conmigo, pero él la mando a mí, para que la salvara. Y eso hice. Ahora está en manos de nuestro salvador. Y él la juzgará con sabiduría y bondad —Juntó las manos y miró al cielo.
«Superé la prueba, y me recompensaste trayéndome a Bob a mi lado, lo se.» Vio como el chico al que amaba miraba a la chica del pelo rosa y hablaron entre ellos.
—¿Qué ocurre? —preguntó Lilith enfadada «¿Acaso confabulan contra mí?»
—Nada, nada —respondió rápidamente Bob—. Siéntate, no te preocupes, toda está bien —añadió.
Lilith se sentó de nuevo a su lado y Bob y la chica se levantaron.
—Ahora vuelvo.
—¿Acaso te he defraudado? ¡Hice lo que tenía que hacer! No-no me abandones, eres lo único que tengo —dijo suplicante.
—Jamás te abandonaría, eres como una hermana para mí —contestó y se alejó cogiendo a la chica por los hombros.
Esas últimas palabras fueron como puñales en su corazón. Puso su mano sobre el pecho en un puño. «No puede ser…no…»
Lilith les miraba en la distancia mientras hablaban, y al final, Bob y aquella chica se abrazaron y besaron. Una lágrima recorrió el rostro de Lilith mientras contemplaba esa escena, «No puede ser, él es el hombre al que amo, no puede irse con otra, no… Después de todo lo que he pasado.»
De pronto, uno de sus violadores abrió la puerta y metió a un chico de piel morena lleno de sangre.
—¡Jack! ¡¿Estás bien?! —El joven lánguido se abalanzó sobre él una vez lo dejaron en el suelo— ¡¿Qué le habéis hecho, cabrones?! —dijo lleno de ira.
Los demás se acercaron al chico herido. Todos menos Lilith, que en su mente transformaba la escena en otra prueba de Dios. «Esa furcia es una enviada de Satanás. Y todo éste grupo también, Bob es mío, y siempre será mío.»
***
Dianna Agron es Maggie
Dianna Agron es Maggie
Maggie se sentía incómoda con Lilith. La celda parecía más pequeña de lo que era con tanta gente, y el no saber que les deparaba el futuro no la dejaba pensar con claridad.
Escuchaba de fondo la voz de Bob hablar con Lilith. Sabía que él la apreciaba mucho, pero por las palabras que pudo entender Maggie la veía como una fanática religiosa. «¿Qué vamos a hacer? ¿Cómo vamos a escapar de aquí?» esa preguntas las repetía una y otra vez en su cabeza hasta que escuchó algo que la hizo volver a la realidad.
—… Pero fui fuerte, Dios me dio fuerzas, y acabé con su pecado. Ahora él la juzgará —dijo Lilith, que se encontraba de pie delante de ellos.
—¡¿Te refieres a la chica en el charco de sangre?! —dijo Maggie perpleja, «No puede ser, es una asesina.»
—Era una puta, una ramera. El pecado estaba en ella, y me la llevaron a mí. Ellos querían mermar mis fuerzas, pero yo sabía lo que tenía que hacer. Ellos pensaron que podrían conmigo, pero él la mando a mí, para que la salvara. Y eso hice. Ahora está en manos de nuestro salvador. Y él la juzgará con sabiduría y bondad —contestó Lilith secamente.
Maggie se llevó una mano a la boca. Bob le había hablado de su fanatismo, de que la había encontrado sola en una iglesia y que obligaba los niños a los que cuidaban, los niños perdidos, a rezar, pero jamás pensó que su obsesión fuera tan grande.
No escuchó la conversación que hubo a continuación, estaba demasiado aturdida por lo que acababa de presenciar. Notó como Bob le daba con la rodilla n la pierna y se levantaba. Ella hizo lo mismo y se apartaron un poco de todos.
—Yo… no sé que decir. Lilith jamás había hecho nada así —se disculpó Bob.
—Lo se, Bob, pero… eso que ha dicho que hizo, ya viste a la chica. Todo estaba manchado de sangre; y mírala a ella, tiene toda la camiseta roja —dijo Maggie y se mordió el labio.
—Seguro que se ha perturbado un poco por todo lo que ha pasado —Bob puso las manos en sus brazos—. La han violado, y a saber qué cosas le ha hecho la sádica de Katty —La miró directamente a los ojos—. Ya verás como cuando salgamos de aquí, vuelve a ser ella.
—Si es que salimos —Maggie le devolvió la mirada y Bob la abrazó.
—Saldremos, confía en mí —Bob la estrechó entre sus brazos.
—Tengo miedo —dijo mirando a Lilith. La chica tenía sus ojos clavados en ellos—. Ella es peligrosa, Bob, y además estamos aquí atrapados.
—Lilith no te hará daño. Y saldremos de aquí, te lo prometo —La besó dulcemente.
Maggie le devolvió el beso. Aún tenía miedo, pero el estar a su lado la reconfortaba. «Saldremos de aquí, al fin tengo algo por lo qué luchar.»
La puerta de la celda se abrió de golpe y uno de los guardaespaldas de Matt metió a Jack en la celda. El chico era un manojo de sangre y estaba lleno de moratones.
—¡Dios! ¿Pero qué le han hecho? —dijo Maggie y fue hacia él.
Bob la acompañó y examinaron entre todos a Jack.
—Tú. Conmigo —El matón de Matt cogió a Sarah por el brazo y la sacó a la fuerza de la celda.
—¡Soltadla! —Dean fue a por ella pero otros chicos que estaban fuera de la celda le apuntaron con sus armas.
—No te preocupes, Dean. Volveré —dijo Sarah antes de que se la llevaran
—¡Sarah! —gritó Maggie asustada.
Se habían llevado a su amiga. Empezó a llorar al lado del cuerpo de Jack.
... Capítulo 28 ...

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