sábado, 18 de octubre de 2014

El Último Juego de Niños, Capítulo 46


Jacob Artist es Jack
Jacob Artist es Jack
Jack apretaba la mandíbula. Creía que conocía a Sarah y no se esperaba algo así de ella. Se había marchado y soltado a Katty sin decir nada, y ahora tenían que tras ella.
Mercedes les proporcionó alguno de sus perros rastreadores para que les ayudaran en la búsqueda con la condición de que se los devolvieran sanos y salvos, pero se había quedado para cuidar de Melissa.
La joven había insistido en ayudar, pero Jack no podía permitir que le ocurriera nada.
Llevaban horas caminando por el desierto siguiendo el rastro que Sarah dejó sin darse cuenta. Bob iba el primero con los perros, Maggie a su lado y él y Tommy les seguían de cerca.
—¿Crees que la encontraremos, Jack? —preguntó con preocupación.
—Seguro —Jack apretó de nuevo la mandíbula. Últimamente hacía mucho eso—. Como Katty le haya hecho algo, la manaré con mis propias manos.
—Te preocupas mucho por Sarah.
—Sí —hizo una pausa—. Como de todos vosotros —Le dio un codazo en las costillas.
Su amigo rió. Merlyn se había presentado voluntaria pero Tommy le suplicó que se quedara para que no le pasara nada. La mujer se resignó y le hizo cosa sin rechistar.
Pensó en Sarah, en las noches de pasión que compartieron. Se sentía culpable por haber engañado a Melissa, y también por empezar algo con Sarah que no tenía ningún futuro. Su corazón era de Melissa, pero el deseo hacia la hermana de Matt fue demasiado fuerte. «Y ahora se ha ido —pensó—, y sin decir nada.»
—¿Estará bien? —La voz de Maggie sonaba nerviosa—. La conozco desde que éramos pequeñas, como le haya pasado algo… No lo quiero ni imaginar.
Jack vio como Bob le pasaba un brazo por los hombros mientras con el otro sujetaba fuertemente la correa de los dos perros.
—Estará bien —afirmó el chico sonriendo—. Tu amiga es dura de pelar, seguro que no le ha pasado nada.
—¿Y los del pueblo? Mercedes dijo que eran peligrosos. ¿Y si ellos son los que le han hecho algo? —preguntó Tommy, nervioso.
—Esperemos que no sea así —sentenció Jack y suspiró.
A lo lejos se empezó a ver un pequeño pueblo en medio del paraje desértico y de los cactus de agujas afiladas. Desde su perspectiva, se veía un lugar tranquilo, apacible. Jack pensó que Mercedes había exagerado a la hora de hablar de aquella gente.
—Ahí está —dijo Bob sujetando con fuerza las correas. Los perros estaban cada vez más nerviosos—. Ellos pueden olerla.
Jack vio que algo se movía a lo lejos hacia ellos. Puso una mano sobre los ojos para poder ver de qué se trataba. Una figura humana corría con dificultad y empezó a gritar.
—¡Por favor, que alguien me ayude! —Era la voz de Sarah.
—¡Sarah! —aulló Jack y fue hacia su dirección.
—No huyas, zorra —dijo una voz tras la joven con una escopeta en las manos.
Al llegar a la misma altura, Sarah se abalanzó sobre Jack y se aferró a su cuello con fuerza.
—Te-tenemos que escapar —dijo aturdida—. O él nos matará.
***
—Malditos hijos de puta —dijo Katty recuperándose del golpe en el estómago que la paleta le había asestado minutos antes—. Ojala tuviera aquí a mis amiguitas para
Miley Cyrus es Katty
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pegarle un tiro en su fea cara.
Miró a su alrededor. Algunos de sus colegas de la ciudad no estaban, por lo que dedujo que les habían asesinado. Matt tenía el rostro entre las manos.
—Tranquilo, cielo, saldremos de esta —le dijo poniendo una mano en su hombro.
El chico suspiró y la miró a los ojos. Katty comprobó que estaba llorando.
—Ella es mi única familia, todo lo que me queda de mis padres —dijo y volvió a poner la cara entre las manos.
Katty negó con la cabeza. Amaba a ese chico, aunque sabía que él sólo le tenía cariño. Se encogió de hombros, impotente ante la situación. «Ojala estuviéramos en la ciudad —pensó—. Mataría a todos estos cabrones en un momento.»
—Muy bien, forasteros, es hora de jugar —La carcelera se acercó a ellos con paso prepotente—. Sed buenos y poneros en fila contra los barrotes.
—¿Y si no que, cerda? —dijo Katty desafiante—. ¿Te revolcarás por el estiércol? Oing, oing.
La policía rolliza la miró con odio. El chico que antes se había presentado a ellos como el sheriff Walter y que todos allí llamaban Clay.
—No te preocupes, Mary Lee, tendrás tiempo de divertirte con ella en un rato.
La chica sonrió. Katty sintió pánico, «¿A qué se refiere con que se divertirá? Como esa paleta me ponga una mano encima…»
—Bien, forasteros, haced lo que se os pide —El sheriff acarició su pistola. Detrás de él, había un grupo de diez personas.
Todos hicieron lo que se les pedía. Se pusieron contra los barrotes y el sheriff abrió la puerta.
—Extended las manos —dijo, y todos obedecieron.
Les esposaron y empezaron a dirigirles hacia el exterior. Al salir, el sol dañó la vista de Katty, que entrecerró los ojos. El aire era caliente, y le abrasaba los pulmones al respirar.
Les condujeron en silencio hacia un lugar más apartado. Se alejaron del pueblo. Por sus calles, no había ni un alma, y Katty vio como alguien les observaba desde la ventana y se santiguaba.
Llegaron a las afueras, un paisaje digno de un western de los años sesenta.
—Las reglas con simples —empezó a decir el joven sheriff con el arma en la mano—. Quien cace más presas será el ganador. Se pueden utilizar todo lo que uno quiera: trampas para osos, machetes, flechas, armas… eso va al gusto del cazador…
—¡¿Pero qué cojones?! ¡Estáis locos! —dijo Matt—. ¡No podéis hace eso!
El sheriff Walter lo miró con dureza.
—Ese es mío. Si alguien le mata, se las tendrá que ver conmigo —Sonrió con malicia—. ¿Preparados? —Todos asintieron—. Bien, ahora…
Uno de los hombres de Matt empezó a correr y gritar. El sheriff suspiró, alzó el arma y le pegó un tiro por la espalda.
—Aún no había acabado —dijo entornando los ojos—. Como decía, ahora les dejaremos un poco de ventaja, si no será muy aburrido, así que cuando diga, podéis empezar a correr.
Sus hombres rieron. Katty estaba histérica. No le gustaba ser una victima, odiaba ese sentimiento de miedo que recorría todo su cuerpo. «Voy a matar a ese hijo puta, voy a degollarlo y a hacerme una pitillera con su piel.» El sheriff puso la escopeta mirando al cielo y disparó.
—¡Corred!
Katty miró a Matt, que asintió con la cabeza, y empezaron a correr en la misma dirección. Todos huyeron intentando escapar de los locos del pueblo.
... Capítulo 47 ...

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