viernes, 31 de octubre de 2014

El Último Juego de Niños, Capítulo 47


Jenna Malone es Lilith
Jenna Malone es Lilith
Lilth estaba cansada. Había pasado varios días durmiendo en la intemperie, y los coyotes la despertaban con sus horrendos alaridos. Seguía al grupo con demasiada distancia, y a lo lejos podía ver la granja donde se habían refugiado. «Sólo un poco más. Dios me ayuda en esta difícil misión. Debo matar al diablo, así Bob volverá a mis brazos.» En su cabeza, ella era un ángel enviado por Dios a la tierra para acabar con el mal que había asolado a toda la humanidad, y la culpable de eso era la adulta, Merlyn.
Hacía demasiado calor y ya no le quedaba agua desde hacía horas. Estaba deshidratada y su mente se nublaba. Las voces eran cada vez más fuertes e insistentes. «La adulta está cerca, ¿no la notas? Debes acabar con ella para salvarlos a todos. Esa impía ha corrompido al ser humano con su magia negra y ha hecho que el mundo muriera. Tienes que detenerla. Mátala, ¡mátala!» Decían una y otra vez. Lilith intentaba apartarlas, pero en su corazón sentía que tenían razón.
Observó como un grupo liderados por Jack se habían marchado, dejando a una mujer que no conocía, a Melissa, la embarazada y a la adulta solas en aquella casa. Era la oportunidad que necesitaba.
Fue hacia el establo para evitar un poco el calor que hacia por el día. Pensó en ir y matarla en aquél momento, pero estaba demasiado débil, y quedaría demasiado expuesta. La embarazada había conseguido derribarla una vez, y no quería que volviera a ocurrir.
Bebió agua del abrevadero de los caballos, y cogió su última reserva de comida; unos Twinkies. Lo comió despacio, intentando que la comida le durara unos minutos. El hambre estuvo a punto de hacer que lo devorara en un santiamén. Bendijo el alimento y dio gracias por el agua y el refugio. Al estar allí, resguardada de las inclemencias y con agua para poder limpiarse y beber, sabía que iba por el buen camino. Dios le estaba enviando un mensaje; «Estás muy cerca, y ésta es tu pequeña recompensa.»
El lugar era fresco y limpio. Había dos caballos bien cuidados que se habían alterado un poco por su presencia. «Si viene la chica que los cuida, me descubrirá.»
Hizo una cama con la paja del establo en un rincón escondido. Se tendió sobre él y se cubrió con más paja para ocultarse. Cerró los ojos, cansada, y dejó que el sueño se apoderara de ella. En unas horas tenía una misión que cumplir. Y esa vez, no fallaría en su cometido. Dios estaba de su lado y la ayudaría a acabar con el mal que la adulta había traído con ella.
***
—¿Quién nos matará? —preguntó Jack extrañado.
Taissa Farmiga es Sarah Nolan
Taissa Farmiga es Sarah Nolan
—El alcalde del pueblo y su secuaz —dijo Sarah escuchando como se acercaban a ellos—. Me ha intentado violar y le he clavado una figura en el ojo, gracias a eso pude escapar, pero me sigue de cerca. Me ha drogado y estoy demasiado débil para seguir huyendo, Jack.
—Tranquila, ahora estás a salvo.
Las palabras de Jack le hicieron sonreír. Vio a Maggie detrás de él y fue hacia la chica.
—¡Sarah! —La abrazó.
—Quédate con ella —dijo Jack—. Tommy, Bob, venid conmigo. Y sacad las armas.
Maggie cogió las correas de los perros. Sarah vio como dieron un paso hacia delante con las armas en las manos. El alcalde se aproximó a ellos, jadeando, con un parche en el ojo. Tras él, un chico con uniforme de policía marrón se puso a su lado.
—Vosotros, apartaos y devolvedme a mi juguete.
Sarah sintió una punzada de odio en su corazón. Dio un paso al frente y le escupió.
—Bastardo. No soy ningún juguete.
—Tú calla, puta —dijo el policía—. Nadie le habla así al alcalde de Summer Hills —Sacó su pistola—. Venga, apartaos. Si nos la devolvéis, no pasará nada. Esa chica es una criminal.
—Permítame que lo dude —dijo con sarcasmo Bob.
El alcalde les miró con odio.
—O os apartáis y os vais, o os mato a todos —Su voz estaba cargada de ira.
Sarah suponía por qué. Ese enano no estaba acostumbrado a que sus planes salieran mal, y ella lo había hecho. Había evitado que la violara, le hirió en un ojo y escapó sin que pudiera evitarlo. Temía lo que le pudiera hacer si la apresaba. «Mi padre me enseñó a ser un cerdo —Había dicho—. Sí, un cerdo al que voy a degollar en cuanto tenga ocasión —pensó Sarah.»
—Pues ya puedes intentar matarnos —contestó Jack y se lanzó sobre él.
Los tres chicos pillaron desprevenidos al alcalde y al policía, que no esperaban que se opusieran, y les arrebataron las armas en un momento. Los perros ladraron con fuerza; parecía que el alcalde les tuviera miedo. Sarah cogió una de las correas de uno de ellos y se acercó a él.
—Tanto intentar intimidar a la gente y le tienes miedo a un perrito —dijo burlona.
Jack le apuntó en la cabeza con el arma.
—Cerdo. Has intentado violarla —quitó el seguro—. Dile adiós a tu vida.
—¡No! —gritó Sarah.
—¿No? Pero si es un violador.
—Ti-tienen a Matt —dijo dubitativa. Sabía que todos odiaban a Matt, pero era su hermano y no podía permitir que le hicieran algo.
—¿Y qué más da? —dijo Jack confundido.
—Es mi hermano, Jack. Sé que no lo entiendes, pero, debo ayudarle.
Maggie la miró y ella apretó los labios. Jack bajó el arma.
—¿Y qué quieres hacer?
Sarah se aproximó al alcalde. El perro gruñó al chico, que se meó encima.
—Nos vas a ayudar a rescatar a mi hermano, y si no lo haces, te dejaré a solas con mi nuevo amigo —El alcalde asintió—. Vamos, entonces.
Jack y Bob escoltaron al alcalde y al policía, que no volvieron a hablar en todo el camino hacia el pueblo.
—¿Sabes donde están? —preguntó Maggie.
—Sí, estaban en la comisaría del pueblo, pero hablaron algo de una cacería.
—Deberías de asumir que eso ya ha empezado —dijo el policía—. Y que tu hermano estará muerto.
—Calla y camina —Bob le dio un golpe con la pistola y el policía no dijo nada más.
—Tenemos que darnos prisa.
Llegaron a la comisaría, pero no había nadie.
—¡Joder! —Sarah estaba desesperada. Se acercó al alcalde—. ¿Dónde están?
—En la zona de caza —dijo el niño sin ni siquiera mirarla—. En las afueras.
Se dirigieron hacia allí, con sigilo para cogerlos por sorpresa. «Que no esté muerto, por favor, que no esté muerto.»
Al llegar, vieron una hilera de varios hombres y mujeres con diversas armas reír y observar a unos chicos correr; Matt y sus hombres.
—¡Vosotros! —dijo Jack con seguridad y el grupo de cazadores se giraron—. Dejad vuestra armas o lo mato —Apretó el arma contra la sien del alcalde.
Un chico con un traje de sheriff sonrió y le miró desafiante.
—¿Y a mi qué me importa? —dijo, dejando a todos atónitos.
Sarah sintió pánico. Aquél hombre era peor que el alcalde. Y estaban a punto de averiguarlo.

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